Candelario revive su boda típica

Durante la ceremonia se celebró el rito de las velambres, símbolo de la unión del nuevo matrimonio. / Elena Gómez

Durante la ceremonia se celebró el rito de las velambres, símbolo de la unión del nuevo matrimonio. / Elena Gómez

Reportaje publicado por el Norte de Castilla el 11 de agosto y escrito por Elena Gómez / La villa de Candelario vivió ayer una de sus fechas más señaladas del calendario con la celebración de su boda típica, fiesta declarada de Interés Turístico Regional desde el año 2008.

Esta fiesta fue instaurada en el año 1989 por las hermanas Vallejeras, fieles defensoras del folclore de la villa corita, hecho que se refleja en su libro ‘Costumbres y tradiciones de Candelario’ que se ha reeditado recientemente.

En esta celebración, se recupera la tradicional boda que se celebraba en Candelario, en la cuál tanto los novios como los invitados van vestidos con los trajes y peinados típicos de la villa: de Candelarias ellas y de Choriceros ellos.

Además de los trajes, en la boda típica de Candelario se recupera también todo el ritual tradicional entorno a la misma.

Dicho ritual empezó la noche del sábado, con la despedida de solteros del novio -en esta ocasión David Jiménez- y de la novia -Elvira González-, en la que se invitó a los presentes a degustar sangría, embutidos y dulces típicos de la zona en una fiesta conjunta organizada en la Plaza Vieja.

Ya el día de la boda, los invitados a la misma -y el numeroso público que se congrega a ver y formar parte de esta fiesta- iniciaron el recorrido desde la casa del novio, situado en el Museo de la Casa Chacinera. Desde allí, algunos mozos se dirigieron a buscar a los padrinos -Miguel Ángel Fernández y Maribel García- a su casa, situada en la calle Regadera, donde brindaron con aguardiente y degustaron perrunillas.

Según marca la tradición, la comitiva regresó a la casa del novio en su búsqueda, «para que no se escape». Una vez asegurado, todos fueron en busca de la novia a su casa, situada en la calle Mayor, al lado de la ermita, cantando a su puerta mientras ella se despedía de sus padres.

Una vez juntos, aunque de la mano del padrino en el caso de la novia y de la madrina en el caso del novio, la pareja y el resto de invitados a la boda subieron por la calle Mayor para dirigirse a la Cuesta de la Romana, lugar emblemático de la villa de Candelario y que da nombre a la asociación que organiza este evento, junto al Ayuntamiento y con la colaboración de la Diputación de Salamanca, la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y el Centro de Iniciativas Turísticas (CIT)de Candelario.

Durante la subida, el sonido de la gaita y el tamboril de Miguel Ángel Ramos y los cánticos de los invitados, iban animando el trayecto, que finalizó en las puertas de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.

En el pórtico de dicha iglesia, sin llegar a entrar en ella, el párroco de la localidad -Abel Ocampo- ofició por segundo año consecutivo el casamiento entre los novios, con el intercambio de votos por parte de los mismos, la bendición de las arras y la puesta del anillo, en este caso solo de él a ella.

A continuación, la pareja entró en el templo donde se celebró el tradicional besamanos a la estola del párroco por parte de los novios y todos los invitados -más de medio centenar-. Tras el besamanos tuvo lugar otro de los momentos álgidos de la fiesta: el rito de las velambres.

Según cuentan los propios participantes en la boda típica, este rito simboliza una mayor unión entre la pareja, ya que mientras la pareja sujeta sendas velas se les coloca un paño -sobre los hombros de él y sobre la cabeza de ella- que, a modo de yugo, representa la unión entre ambos hacia un mismo fin, como es la nueva vida en pareja que les espera a partir de este día.

Tras celebrar el rito, todos salen de la iglesia y recorriendo las calles del pueblo se dirigen a la Plaza Vieja -escenario de la despedida la noche anterior- donde se invitó a la comitiva y al público en general a vino, barquillos y perrunillas, mientras seguía sonando el tamboril y algunos se arrancaban a bailar.

El tálamo

A continuación, la actividad se trasladó a la Plaza del Solano, donde se celebró el tálamo. En este acto, y desde una mesa en lo alto de un escenario, los novios -que estuvieron acompañados de los padrinos- iban recibiendo los regalos de todos los invitados, que tras la ofrenda lesdedicaron sendos bailes tradicionales.

Los primeros en ofrecerles sus regalos -desde tierras o ganado hasta dinero, acciones u objetos para la nueva casa- y desear la felicidad al nuevo matrimonio fueron los padres del novio, Pablo Hernández y Maribel Sánchez, seguidos de los padres de la novia, Pedro Salinas y Mirella Frigenti.

Tras el tálamo, la comitiva de boda se dirigió al Hostal Cristi, donde degustaron un menú nupcial a base de calderillo, merluza a la vasca y flan de huevo, además de café y champán con el que brindaron por la nueva pareja, que no dejó de recibir vítores en toda la jornada.

Como colofón a este día festivo, siendo además la novedad de este año, se celebró un concierto del grupo corito Velahí, que recupera canciones tradicionales de la villa corita. Durante este concierto, que se celebró en la Plaza de la Torre, se repartió sangría y se sortearon tres lotes de embutidos, poniendo fin a una jornada festiva que volvió a colocar a Candelario como centro importante del folclore regional.

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