La agrupación musical Velahí y el «Cancionero de Candelario»: más que música

Grupo musical Velahai en Bizarte

Grupo musical Velahí en Bizarte

Béjar.biz | DIBECO / En la tarde de ayer Bizarte tuvo el placer de acoger la agrupación musical Velahí que nos ofreciera su “Cancionero de Candelario”, una compilación de canciones tradicionales de esa localidad de la comarca de Béjar, que trasciende el hecho musical para asombrarnos con sus valores de investigación histórica y de reconstrucción de las melodías populares transmitidas por la tradición oral y a punto de perderse para siempre.

El trabajo de Velahí no puede ser menos que considerado como una importante contribución a la historia y el folclore local, y por extensión español, tanto como cualquier otra búsqueda de las raíces en los archivos y la publicación de sus resultados por alguna personalidad de la cultura. Velahí también es cultura. Pura y dura. Y tal vez sus resultados, que no han trascendido en la misma medida que la edición de obras de corte histórico revividas por eruditos prestigiosos, tengan igual importancia. Si alguna diferencia se pudiera señalar es que el producto de Velahí es más difícil de alcanzar y de llevar al público.

Las canciones tradicionales de Candelario rescatadas del olvido jamás fueron escritas. No aparecieron en viejas partituras encontradas en un trastero sino en las memorias de algunas personas mayores. A veces, cuando las memorias de algunas de ellas apenas conservaban aquellas melodías que nunca subieron a un escenario ni fueron acompañadas por una orquesta. Canciones a capella y, con mucho, canciones acompañadas de la percusión de instrumentos rústicos. Fueron canticos de trabajo, que se entonaron sin ensayos en el laboreo de las huertas. Una manera de endulzar las faenas de ganarse la vida.

Al principio, fue el trabajo de rescate de las viejas canciones. Llegar a conocerlas y que alguien las cantara. Después fue hacerlas tomar forma en las partituras y en los arreglos para voz y los instrumentos musicales: guitarra, bajo, violín y percusión. Y así nos llegaron en la tarde de ayer con sus letras ingenuas y entrañables, la ejecución musical impecable y las voces empastadas con las inflexiones características de las canciones sin solistas, para ser cantadas por los coros espontáneos de los que hacían sus faenas más leves poniendo en ellas un poco de alma.

¡No podemos menos que quitarnos el sombrero ante Velahí! Y darle las gracias.

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